Frente a los cultivos ilícitos, surge el turismo de naturaleza como una alternativa

De acuerdo a la opinión de distintos expertos, las comunidades que se han dedicado a la producción de cultivos ilícitos, podrían encontrar una opción de ingresos y desarrollo en el turismo de naturaleza. Y ello se debe a que las personas que practica este tipo de turismo, invierten al menos unos 3.000 dólares solo en una estadía promedio de ocho días en cada localidad.

Y es que el turismo de naturaleza ha pasado a ser en los últimos años una verdadera alternativa económica para varios países donde siempre han existido problemas debido a los cultivos ilícitos.  A diferencia de otros lugares donde el turismo es estimulado por ejemplo por sus tiendas como la de Rosa Oriol Tous. En el caso del turismo de naturaleza podría conformarse como una fuente realmente importante de ingresos económicos para esas comunidades que son dependientes de los cultivo, pero también de organizaciones de comportamiento ilícito.

Un caso palpable de tal situación lo es por ejemplo Colombia, la cual de acuerdo a expertos pertenecientes a la Comisión para la implementación de la Reforma Rural Integral, aseguran que dicho país debería iniciar una experiencia distinta como lo ha hecho Tailandia, la cual es conocida a nivel mundial por el gran volumen de cultivo de hectáreas de amapola.

Así mismo, y según cifras arrojadas por la Fundación Ideas para la Paz, En los años 70, Tailandia contaba con 18.000 hectáreas en donde se producían cultivos de amapola que eran destinados para la producción de heroína. Ya para el año 2002 la Organización de las Naciones Unidas (ONU), emitió una declaración en la que señalaba que este país se encontraba libre de los mismos, debido a la implementación de una política de desarrollo que antes de aplicar una erradicación forzosa, fue abordada mediante el acceso de la población a otras alternativas económicas como por ejemplo, el turismo.

Y es que por medio del turismo de naturaleza las distintas comunidades pueden encontrar un sinnúmero de posibilidades de ingresos económicos, pero además romper tal dependencia de las organizaciones ilícitas. En el caso de Colombia, se muestran desacuerdos entre los especialistas y el gobierno, ya que este último desea promover una política de erradicación forzosa, mas no busca la manera de emprender con más ahínco otra serie de programas que los encaminen a aportar diversas alternativas económicas.

En el caso de que retorne a las poblaciones el glifosato, ello supondría una verdadera desestabilización económica para sus habitantes, ello sin mencionar los daños al medioambiente y a la de sus moradores. Además, ello generaría una gran cantidad de conflictos entre el Estado y las comunidades, los cuales pasarían a ver todo como una amenaza. Y lo peor de la situación, es que en medio de tales conflictos, los grupos ilegales llevan la mejor parte debido a que ganan cierta legitimidad y apoyo ante las comunidades. 

Otro ejemplo significativo, es la dinámica que tiene lugar en Afganistán, donde la aspersión con glifosato ha generado un cierto apoyo de la población hacia los talibanes en determinadas zonas. Sin embargo, vale la pena aclarar que posicionar el turismo de naturaleza como una apuesta sensata que busca reducir los cultivos ilícitos requiere del acompañamiento de la seguridad estatal, entre otros temas de acuerdo a lo que se encuentra contemplado en el punto 4 de los acuerdos de La Habana, que son referentes al problema de las drogas ilícitas.

Autor entrada: Editor